
El poder de una historia
A los seres humanos nos encantan las historias por naturaleza.
¿Alguna vez has querido compartir tu fe con un amigo, pero no sabías por dónde empezar? Quizás tenías miedo de decir algo incorrecto o no te sabías todos los versículos de memoria.
La verdad es que no necesitas un título en teología para compartir el evangelio. Solo necesitas una historia. De hecho, a la mayor parte del mundo —y a muchos de tus vecinos— les gusta más aprender a través de historias que de libros de texto.
Por qué funcionan las historias
Piensa en tu película favorita. Seguro te acuerdas de los personajes y de la trama, aunque solo la hayas visto una vez. Pero, ¿te acuerdas de los detalles del último libro de texto que leíste? Probablemente no.
Esto pasa porque los seres humanos estamos hechos para las historias. Las estadísticas muestran que entre el 70% y el 80% de las personas en el mundo aprenden principalmente de forma "oral". Esto no significa que no sepan leer, sino que prefieren aprender y recordar las cosas hablando y escuchando. Incluso las personas con muchos estudios pueden olvidar lo que leyeron en un estudio bíblico, pero recuerdan una historia que escucharon.
Cuando Jesús enseñaba, no repartía folletos. Contaba historias sobre ovejas perdidas, hijos pródigos y semillas que crecían en el campo. Si a Jesús le funcionó, a nosotros también nos puede funcionar.
Cómo empezar una conversación espiritual
Compartir una historia de la Biblia es una forma súper natural de hablar de Dios. No se siente como un sermón, sino como una charla. Aquí tienes un método sencillo de 3 pasos:
1. Presta atención a los "temas del corazón"
A todos nos importa algo. Mientras charlas con tus amigos, presta atención a lo que tienen en mente: ¿Están estresados? ¿Se sienten solos? ¿Les preocupa su trabajo?
Jesús era el maestro de la escucha. Hizo más de 300 preguntas en los Evangelios. Cuando haces preguntas y escuchas por lo que están pasando, les demuestras que realmente te importan. Y mientras hablan, busca temas en su historia que puedan conectar con alguna historia de la Biblia.
2. La transición sencilla
Tal vez escuches a un amigo hablar de lo difícil que le resulta creer que Dios pueda sanar su vida, y eso te recuerde una historia bíblica específica que crees que podría animarlo. En ese momento puedes usar esta frase tan simple:
"Eso me recuerda una historia de la Biblia. ¿Te la puedo contar?"
Así de fácil. Si te dicen que sí, ya tienes el permiso para compartirla. No estás obligando a nada, solo estás ofreciendo un regalo.
3. Hazlo simple
No tienes que citar capítulos ni versículos. Solo cuenta la historia con tus propias palabras. Que dure entre 1 y 3 minutos. ¡Ni siquiera tienes que romperte la cabeza pensando cómo contarla! El ministerio en el que sirvo, StoryRunners, ya ha preparado varias historias bíblicas orales tomadas directamente de la palabra de Dios que puedes usar (puedes hacer clic aquí para verlas). Cualquiera que sea la historia de la Biblia que cuentes, intenta que sea FONO:
Fiel a la Biblia: Mantén el significado fiel a las Escrituras.
Oralmente reproducible: Hazla lo suficientemente sencilla como para que ellos se la puedan contar a alguien más.
Natural: Habla como lo haces normalmente.
Oportuna y adaptada: Es posible que tengas que adaptarte al oyente usando palabras o explicaciones que hagan entendibles los conceptos o términos difíciles o nuevos.
Llevando la historia hacia Jesús
Después de contar la historia, haz una pregunta de reflexión para ver qué opinan. Podrías preguntar: "¿Qué te pareció la forma en que Jesús trató a esa persona?" o "¿Qué te llama la atención de las personas en la historia?"
Si muestran interés, puedes guiarlos hacia el evangelio. Podrías decir algo como:
"Me encanta esta historia porque muestra que a Dios también le importan nuestros miedos. De hecho, envió a Jesús para resolver el problema más grande que tenemos: estar separados de Él. ¿Te puedo contar más sobre eso y me dices qué opinas?"
A partir de ahí, puedes explicarles cómo Jesús murió por nosotros y resucitó para darnos vida eterna.
Cualquiera puede hacerlo
Lo mejor de contar historias es que cualquiera puede hacerlo. No necesitas ser un experto. Solo necesitas ser un amigo dispuesto a conversar.
Al usar historias orales, puedes:
Llegar a más personas: A mucha gente le confunde el vocabulario muy de iglesia, pero todo el mundo entiende una historia.
Hacer que no se olvide: La gente suele recordar mucho mejor una historia sobre Jesús que una lista de datos.
Ayudar a que se corra la voz: Una vez que tu amigo sepa la historia, puede que vaya a casa y se la cuente a su familia. ¡Así es como se extiende el evangelio!
Da el primer paso
Esta semana, intenta aprenderte una historia corta de la vida de Jesús. Puede ser cuando calma la tempestad o cuando sana al ciego. Luego, mantente atento. Cuando un amigo te comparta algo de su vida y de las cosas que le interesan, hazle esa pregunta sencilla relacionada con el tema de la conversación. Preguntar "¿Te puedo contar una historia?” puede transformar rápidamente una charla común en una conversación espiritual muy profunda.
El éxito no se trata de ser el narrador ni el evangelista perfecto; se trata de tomar la iniciativa para compartir las buenas nuevas de Jesús con el poder del Espíritu Santo, y dejar los resultados en manos de Dios. Ya sea que estés hablando con tu familia, con un vecino o con un joven deportista, recuerda que Dios nos diseñó a todos para conectar a través de las historias. Tu disposición a compartir puede cambiarlo todo.

(StoryRunners ha preparado un Kit de Narración de Historias Bíblicas que puedes usar para el Mundial. Haz clic aquí para conseguir este recurso. ¡También estás súper invitado a participar en uno de nuestros Entrenamientos Virtuales de Narración para aprender más sobre cómo usar las historias bíblicas orales para compartir de Jesús con otros!)
S.C. ha servido como entrenador internacional y en los EE. UU. con StoryRunners, un ministerio de Cru. En su función, hace dos cosas que le encantan: 1) ayudar a personas de grupos no alcanzados a escuchar la Palabra de Dios en un formato que puedan entender y compartir fácilmente; y 2) ayudar a misioneros y laicos de los EE. UU. a aprender a usar las historias bíblicas para llegar a sus audiencias. No hay nada que le guste más que ver cómo Dios usa el Evangelio para traer luz a los ojos espirituales de las personas en lugares de oscuridad. Vive en Orlando, Florida, con su esposa y sus dos hijos. Le encantan las actividades al aire libre, como el senderismo, la caza, la pesca y remar. También pasa tiempo practicando hapkido.
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